Béatrice Dalle
MI SECRETA RELIGIÓN (para las mujeres y todos aquellos que, como yo, las aman)
La mujer es mi secreta y oscura religión, estoy condenado a ellas con la felicidad y la desesperación de un diablo a su propio infierno. Es la mujer la sustancia que integra mis ensoñaciones. La adoro, a Ella y a cada una de ellas y si pudiera las seduciría a todas, las tendría para mí. Cuando pienso en ellas me viene a la mente la absurda idea que ningún hombre puede considerarlas el absoluto que son para mí. Nunca he pensado en un determinado tipo de mujer, mi fascinación por ellas convierte sus defectos en atributos. Si le han amputado las piernas me excita de inmediato la idea de jugar balero con ella. Si es un poliedro irregular, dado que nunca fui bueno en geometría, me concentro en su ángulo más accesible. Si es la mujer de mi mejor amigo no dudo un instante en honrar esa amistad sometiéndola a una dura prueba (también a ella, por supuesto). He preparado mi alma y mi cuerpo, y cuando digo alma me refiero a una parte de mi cuerpo, para adaptarse a ellas y hacerlas sentir lo increíbles que son en cada circunstancia. He educado mi percepción para encontrar belleza en la más fea y sensibilidad en la más obvia. Algunas, es justo decirlo, ya eran perfectas y me limité a celebrar el milagro. Nunca he considerado importante la inteligencia o la ausencia de ella en la mujer, no considero que la inteligencia o la no-inteligencia logren hacerla más o menos atractiva. En realidad no sé qué demonios sería la inteligencia o no en una mujer y si resulta que es algo parecido a lo que se considera inteligencia en un hombre prefiero que carezca de ella. En los últimos años he leído mucho sobre la emancipación femenina, he escuchado a muchas chicas en los bares más cutres jactarse de poder hacer lo que les viniera en gana con sus cuerpos y luego, vencidas por el alcohol y la marihuana, las he visto vagar a la deriva y entregarse a poetas piojosos que les recitaban versos sobre el libre albedrío. A pesar de lo que ocurre en los bares, de los discursos, los libros y las canciones, la condición histórica de la mujer y su presente siguen siendo terribles y la emancipación un sueño, una trampa y un consuelo de tontas. Es innegable que algunas mujeres en el mundo han logrado consolidarse como personas y profesionales y han hecho cosas muy importantes, pero la mayor parte de ellas viven en condiciones parecidas a la Edad Media. Esta terrible realidad encierra la angustia y la desolación de todo tipo de mujeres en cualquier condición y sociedad. No escribo textos sociológicos, me gusta crear alambiques de ideas y describir seres, objetos y circunstancias. Siempre, escribiendo o no, pienso en Ella y cada una de ellas. No puedo evitarlo, son mi razón de ser. Pienso y pienso en cómo entrar en su mente y su alma (y cuando digo alma me refiero a una parte de su cuerpo) como decirle que es una entidad en sí misma y no debe dejar que nada en el mundo exterior y sus arquetipos la defina. El hombre ha diseñado un mundo estúpido y ha elegido como símbolo de ese mundo el cuerpo de la mujer. Es eso "lo que se vende". Para muchas mujeres la belleza física, el arquetipo de mercado, es su forma de vida. Una forma de vida fugaz. No tengo nada en contra que las bellas chicas exhiban sus culos a buen precio, pero deberían saber que dejarse manipular y colgar como pedazos de carne en el gancho del carnicero es hacer el juego al mundo masculino. Tengo dos bellas y dulces sobrinas y una pequeña hija que me sonríe como un ángel mientras escribo. Pienso en ellas y les hablo con ternura y franqueza. Las incito a leer y les leo, a escuchar música y no basura en serie, a ejercitar sus cuerpos al ritmo de sus mentes. Sueño que crecen fuertes y seguras de sí. No soy todavía el buen ser humano que quisiera ser y tal vez no lo seré nunca, pero deseo en lo más profundo que ellas sean capaces de sentirse a gusto con su naturaleza femenina y tener siempre el control sobre sus propias vidas. No creo en la fidelidad como una regla o un argumento, creo en la posibilidad de que el amor siempre tenga la posibilidad de surgir o inventarse. Traicionar y ser traicionado es parte esencial de la vida emocional y me resulta grotesco y patético la forma como se sobrevalora la traición amorosa cuando quien la ejerce es una mujer y se enaltece y eleva a hazaña si quien traiciona es un hombre. El amor es una forma de comunicación y de conocimiento del mundo a través de lo que sentimos por quien amamos y de nosotros mismos a través de la mirada de quien nos ama. Si un hombre no entiende la dimensión de una mujer merece ser traicionado una y mil veces. Fue la desobediencia de la mujer la que en buena hora nos sacó de las garras de un Dios asexuado y su aburrido Paraíso. Es esa desobediencia el mayor tesoro de la mujer y jamás debe permanecer servil, debe enfrentarse al hombre como lo hizo a Dios. El amor no puede ser un tiquete de regreso al Paraíso, debe ser delirante y desnivelado, debe llevar al vértigo y al naufragio. Debe hacernos libre de nuestra hipócrita moralidad y libres del amor para volver a amar. Un temor que me asalta y me llena de la más cursi melancolía es perder un día la memoria, despertarme y no poder recordar nunca más todos esos nombres y rostros femeninos que divagan por mi mente. Sería como perder un reino que jamás tuve y que de todas formas extrañaré.
Efraim Medina Reyes
Efraim Medina Reyes (Cartagena 1967). Autor, entre otros libros, de Érase una vez el amor pero tuve que matarlo y Técnicas de masturbación entre Batman y Robin. Su página en facebook es:
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Um comentário:
Buenas, a desobediência é um dos maiores atrativos de uma mulher, teimosa, contestadora, adoro nelas... abraço.
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